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Nuestra vanguardia juvenil a las puertas de su XI Congreso: notas en ocasión del aniversario 57 de la UJC

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Nuestra vanguardia juvenil a las puertas de su XI Congreso: notas en ocasión del aniversario 57 de la UJC
02/04/2019
Autor: 
Palacios Ortega Yusuam
Fuente: 
Comunicación UJC

Pocas horas restan para el 4 de abril, aniversarios 57 de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) y 58 de la Organización de Pioneros José Martí (OPJM), y justamente ese día se hará pública la convocatoria al XI Congreso de la UJC. Todo un año hasta abril próximo en similar fecha, en que culmine lo que será un proceso de diálogo impostergable de las juventudes en Cuba sobre el presente y futuro de la nación; de conexiones necesarias que oxigenarán la marcha indetenible de la Revolución cubana; de debates profundos sobre temas medulares como la salvaguarda de nuestra identidad, la guerra cultural, la economía del país, la lucha contra el capitalismo; y de reafirmación del carácter socialista de nuestra Revolución. 
Este congreso juvenil abre sus puertas en un momento trascendental para Cuba y la humanidad toda; muchos son los retos o desafíos que tenemos los jóvenes en un mundo tan desequilibrado, dudoso y vacilante como el que vivimos. La nueva oleada fascista, amenazante e impúdica gana terreno, sobre todo, en la región latinoamericana; la crisis del sistema capitalista se percibe con mayor intensidad y el norte revuelto y brutal que nos desprecia (Estados Unidos) ha puesto sobre la mesa guerrerista todas las variantes, ha fusionado el macartismo con la doctrina Monroe, y su pretensión expansionista se hace más notoria. Una especie de Calígula en el siglo XXI se corporifica en el presidente de la llamada “Roma americana”: Donald Trump quien, junto a sus lacayos, representa el peor de los peligros que corre hoy la especie humana.
A esta realidad ha de agregarse la ofensiva imperialista en el terreno cultural y simbólico que fractura las identidades de los pueblos, socava sus culturas originarias y autóctonas con la penetración de modos y estilos de vida del capitalismo, o sea, de los valores (para nosotros antivalores) de ese sistema insostenible, reservorio de odios acumulados, egoísmos y lacerantes balas de muerte y destrucción. Es la guerra cultural (una de las formas de guerra no convencional) cuyo objetivo principal es el derrocamiento de los procesos revolucionarios que tienen como bandera la justicia social.
Tal panorama nos obliga a pensar en el futuro de la nación, de la vida en la Tierra, de la salvación de la humanidad. Un momento de reflexión o de filosofía se nos presenta como opción irrechazable en esta batalla de ideas que mucho exige de nosotros, de la vanguardia política, de los jóvenes para quienes, como Martí, pensar es servir. Ese es un reto de la UJC; promover con intencionalidad el ejercicio del pensar en los jóvenes, la lectura como medio de enriquecimiento cultural y espiritual, el estudio de la historia desde una perspectiva contemporánea, con los códigos de hoy (audiovisuales y digitales), para evitar a toda costa la pérdida irreparable de la memoria histórica. 
Debemos tener presente que los enemigos de la Revolución pretenden separar a la juventud de las generaciones que condujeron al triunfo del 1ro de enero de 1959; destruir la continuidad histórica minando las bases de la unidad revolucionaria. Es preciso que los jóvenes continuemos estando a la vanguardia de la lucha por el futuro de Cuba y su Revolución; y como nos pedía Armando Hart, promover un diálogo de generaciones que nos arme de argumentos y fortalezca aún más la unidad como garantía para seguir teniendo revolución socialista en Cuba. En este sentido la participación de las más jóvenes generaciones en el proceso revolucionario es vital para construir el socialismo; atendiendo a que los jóvenes continúan llevando adelante grandes tareas, sobre sus hombros descansa hoy la obra de la Revolución. 
Los jóvenes formamos parte de la sociedad, somos un ingrediente imprescindible en su desarrollo. Hacer por la construcción del socialismo exige mucha preparación, cultura, compromiso, lealtad reflexiva en tiempos de definiciones; de ahí la alta responsabilidad que asume la UJC como vanguardia política. Es una tarea de primer orden que nuestra militancia comunista estudie, se prepare cultural y políticamente. Hay que revisitar los clásicos del pensamiento emancipador y descolonizador, asimilar críticamente las ideas y la obra humana que nos antecede y se deposita en nosotros. El ejercicio del criterio deviene esencia en la lucha ideológica que libramos. Recordemos a Martí cuando expresó “de pensamiento es la guerra mayor que se nos hace, ganémosla a pensamiento”. Formar a nuestros jóvenes para que piensen con cabeza propia, he ahí el reto. 
Ante la cercanía de este aniversario de la UJC, y volcando la mirada a la historia de la organización y del movimiento juvenil cubano, hoy más que nunca ha de llenarse de vida, nos es muy necesaria, no sólo por su papel de vanguardia y reconocimiento constitucional, sino por el horizonte que nos mantiene en pie y precisa de una guía certera en las circunstancias que vivimos, en el contexto de peligrosidad extrema en que nos encontramos. El destino de la Patria está en las manos de sus jóvenes, cuánto hemos de hacer, cuánto para no perder la capacidad de creación (dejaríamos de ser jóvenes), sería como nos dijo el Che, una anomalía realmente. La juventud tiene que crear, es la palabra de pase de cada generación. Así nos dice el Apóstol en su ensayo Nuestra América:
Las levitas son todavía de Francia, pero el pensamiento empieza a ser de América. Los jóvenes de América se ponen la camisa al codo, hunden las manos en la masa, y la levantan con la levadura de su sudor. Entienden que se imita demasiado, y que la salvación está en crear. Crear, es la palabra de pase de esta generación. El vino, de plátano; y si sale agrio, ¡es nuestro vino! 
La defensa de nuestra identidad es también un desafío, y los jóvenes de vanguardia hemos de asumirlo con responsabilidad. La pretensión del enemigo imperialista es muy clara: fracturar nuestra cultura, penetrarnos con sus propuestas enajenantes, enclaustrarnos el pensamiento, debilitarnos al punto de perder nuestra condición de cubanos; y todo ello para restaurar el capitalismo en Cuba. Tenemos que seguir siendo antimperialistas, ahí está el legado de Martí, Mella, Guiteras, el Che y Fidel. Los jóvenes cubanos tenemos un compromiso con la Revolución: mantenerla a salvo de quienes pretendan dañarla o pisotearla, vivirla a plenitud, inyectándole más carácter y vida, revolucionarla en su propio seno con los cambios que llevamos a cabo, necesarios para que nuestra Cuba sea mejor, siempre desde una postura éticamente consecuente con la ideología que abraza la Revolución. Los jóvenes de hoy tenemos el deber martiano de adecuar nuestra Revolución al momento sin que esa adecuación nos cueste la merma de ideales y principios. 

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