
La Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) tiene que definirse con una sola palabra VANGUARDIA y para serlo hay que ser un bicho raro, de esos de los que se levantan y defiende sus derechos, de los que son combativos ante las indisciplinas sociales, de los que son los primeros en ayudar.
Nosotros deberíamos pensar como jóvenes revolucionarios y no dejo de recordar a todos los que murieron para que pudiéramos estar aquí. Pienso en Julio Antonio Mella e Ignacio Agramonte.
Ellos, junto a otros como Frank País, Luis y Sergio Saíz, estuvieron en la manigua con el machete y en la Sierra Maestra con el fusil; por ellos no debemos hechar por la borda todo lo que nos regalaron estos cubanos de vanguardia.
Esa primera fila debe ser puntal en el llamado de pensar como país. Pero hay que hacer más porque hoy mi sobrino de siete años no conoce a Mella, aunque se sabe de memoria todos los nombres de los ánimes japoneses. Se trata de humanizar a los héroes para que los niños vean en los hombres y mujeres de ayer un paradigma cercano.
Los jóvenes tenemos que enfrentar el mal gusto y eso se logra mediante la defensa de la cultura nacional; es vital promover los valores y tradiciones, y en ese reto el reguetón no tiene cabida porque es un género -que por generalidad- es ofensivo con lo mejor del ser humano.
Tenemos que ser los primeros en defender las conquistas de la cultura cubana que debe mantenerse siempre como ese carácter de masividad, inclusión y Socialista.
Yo quiero -cuando por un problema de biología no pueda estar más en las filas de la UJC - mirar hacia atrás y sentir realmente que fui un bicho raro y que fui continuidad.
Tomado de Radio Camagüey