Entre las principales fortalezas para el estudio y trabajo con poblaciones infanto- juvelines en nuestro país, se encuentran las diversas políticas que desde el Estado se emiten en aras de proteger estas edades y contribuir a su bienestar y sano desarrollo, lo que deriva a su vez en proyectos e instituciones muy bien consolidados, encaminados a dicho fin. Además, desde el punto de vista psicológico, estas edades —en especial la infancia— se caracterizan por mayor plasticidad cerebral, y por lo tanto, mayores posibilidades de aprendizaje efectivo de nuevos contenidos, esquemas de análisis, valores, etc. El hecho de que en estas edades la personalidad aún se encuentre en formación y desarrollo, favorece una mayor consolidación de las transformaciones que se pretendan lograr mediante determinada intervención, ya sea desde la clínica, la educación institucionalizada, o la intervención grupal y comunitaria. Ahora bien, yo me desempeño actualmente como profesora en la Facultad de Ciencias Pedagógicas de la UNAH, más específicamente en la carrera Pedagogía -Psicología. En nuestro contexto, una fortaleza lo constituye el vínculo existente entre el Centro de Orientación y Diagnóstico de los diferentes municipios y la universidad, así como la implementación de numerosos proyectos dirigidos directamente al trabajo con este grupo poblacional. Asimismo, el vínculo directo con las escuelas, y la inserción de los estudiantes en las instituciones educativas durante sus prácticas preprofesionales, facilita relativamente el acceso a la muestra.
No obstante, existen varias debilidades. Desde un punto de vista más general, considero que aún se carece de una adecuada multi e interdisciplinariedad en los estudios sobre estas poblaciones. En el caso específico de mi territorio, muchas veces se observa una falta de integración entre los aspectos psicológicos y los pedagógicos al abordar determinado tema, o llevar a cabo procesos interventivos. Esto se agrava por la falta de psicólogos —o personal con preparación psicológica —en el claustro de profesores de la universidad, lo que actúa en detrimento de la calidad de la formación de nuestros estudiantes. Asimismo, se debe destacar que, si bien existe la voluntad política para proteger estas edades, muchas veces existe divorcio entre las organizaciones y actores responsables de ponerlas en prácticas. Esto conlleva a que en numerosas ocasiones las investigaciones no se puedan llevar a cabo con la calidad requerida, que se obstaculicen los proyectos de intervención, o que falten recursos imprescindibles para llevar a cabo los mismos. Esto no solo afecta la producción científica con respecto a estas edades, sino que también deriva en la falta de espacios de participación para los niños, jóvenes, y adolescentes, quienes pueden llegar a sentirse desprotegidos, y por lo tanto, terminar alienándose de la sociedad y desarrollando valores contrapuestos a los principios esenciales de nuestra Revolución. Este último factor se agrava al considerar la creciente exposición de estas edades a las nuevas tecnologías de la información, las redes sociales, y a la desinformación que muchas veces desarrollan este tipo de medios. Por otra parte, aún existen muchos temas con insuficiente abordaje científico en estas edades. Por ejemplo, desde mi experiencia investigativa, en nuestro país son pocas las investigaciones que desde la Psicología se han interesado por evaluar la categoría bienestar psicológico en estas poblaciones. Además, en muchas ocasiones estos estudios terminan siendo investigaciones para los niños, pero sin los niños, ya que las consideraciones adulto-céntricas terminan teniendo mayor relevancia que las valoraciones directas de los menores. Esto, por supuesto, se debe en parte a que desde el punto de vista legal se requieren muchos permisos para acceder a estas poblaciones, lo que obstaculiza el acceso a la muestra. Puedo citar como ejemplo de esto mi tesis de licenciatura, cuyo tema fue el bienestar psicológico de niños y adolescentes criados por familias homoparentales. La mayoría de las familias contactadas se negaban a la idea de que sus hijos fueran entrevistados directamente.
Por otra parte, y tomando como referencia mi territorio, se encuentra que en la mayoría de los centros, los psicopedagogos ejercen labor de maestro —debido a la ausencia de personal docente en las escuelas—y por lo tanto, las verdaderas funciones del psicopedagogo son ejercidas por personal no cualificado para dicha labor, o simplemente, no se cumplen en dichas instituciones. A la vez, si bien existe la voluntad, aún existe insuficiente vinculación entre escuela-familia- comunidad, principales agentes responsables de la educación y desarrollo de los niños, adolescentes y jóvenes. Por otro lado, la edad juvenil no cuenta con suficiente tratamiento en las investigaciones que desde las Ciencias Sociales se desarrollan en el territorio. Esto se relaciona también con la gran diversidad presente en esta edad, lo que dificulta establecer regularidades o generalizar los resultados, en comparación con la infancia o la adolescencia. A todo esto se suma la poca difusión y visibilidad que se le da a las actividades, proyectos e investigaciones realizadas con respecto a estas edades.
2- Mis expectativas con respecto a este Diplomado son, en primer lugar, consolidar conocimientos sobre estas edades e incorporar nuevos aprendizajes. Considero que la diversidad presente entre los diplomantes, tanto en su formación y labor profesional, como en su lugar de procedencia, puede contribuir a enriquecer el intercambio científico y a desarrollar un enfoque más interdisciplinario. Además, me gustaría conocer nuevas y diversas problemáticas relacionadas con estas poblaciones, a fin de desarrollar futuros proyectos de investigación encaminados a trabajar con estas edades, las cuales siempre han sido mi principal foco de interés dentro de los diferentes grupos etarios.
Entre las principales fortalezas para el estudio y trabajo con poblaciones infanto- juvelines en nuestro país, se encuentran las diversas políticas que desde el Estado se emiten en aras de proteger estas edades y contribuir a su bienestar y sano desarrollo, lo que deriva a su vez en proyectos e instituciones muy bien consolidados, encaminados a dicho fin. Además, desde el punto de vista psicológico, estas edades —en especial la infancia— se caracterizan por mayor plasticidad cerebral, y por lo tanto, mayores posibilidades de aprendizaje efectivo de nuevos contenidos, esquemas de análisis, valores, etc. El hecho de que en estas edades la personalidad aún se encuentre en formación y desarrollo, favorece una mayor consolidación de las transformaciones que se pretendan lograr mediante determinada intervención, ya sea desde la clínica, la educación institucionalizada, o la intervención grupal y comunitaria. Ahora bien, yo me desempeño actualmente como profesora en la Facultad de Ciencias Pedagógicas de la UNAH, más específicamente en la carrera Pedagogía -Psicología. En nuestro contexto, una fortaleza lo constituye el vínculo existente entre el Centro de Orientación y Diagnóstico de los diferentes municipios y la universidad, así como la implementación de numerosos proyectos dirigidos directamente al trabajo con este grupo poblacional. Asimismo, el vínculo directo con las escuelas, y la inserción de los estudiantes en las instituciones educativas durante sus prácticas preprofesionales, facilita relativamente el acceso a la muestra.
No obstante, existen varias debilidades. Desde un punto de vista más general, considero que aún se carece de una adecuada multi e interdisciplinariedad en los estudios sobre estas poblaciones. En el caso específico de mi territorio, muchas veces se observa una falta de integración entre los aspectos psicológicos y los pedagógicos al abordar determinado tema, o llevar a cabo procesos interventivos. Esto se agrava por la falta de psicólogos —o personal con preparación psicológica —en el claustro de profesores de la universidad, lo que actúa en detrimento de la calidad de la formación de nuestros estudiantes. Asimismo, se debe destacar que, si bien existe la voluntad política para proteger estas edades, muchas veces existe divorcio entre las organizaciones y actores responsables de ponerlas en prácticas. Esto conlleva a que en numerosas ocasiones las investigaciones no se puedan llevar a cabo con la calidad requerida, que se obstaculicen los proyectos de intervención, o que falten recursos imprescindibles para llevar a cabo los mismos. Esto no solo afecta la producción científica con respecto a estas edades, sino que también deriva en la falta de espacios de participación para los niños, jóvenes, y adolescentes, quienes pueden llegar a sentirse desprotegidos, y por lo tanto, terminar alienándose de la sociedad y desarrollando valores contrapuestos a los principios esenciales de nuestra Revolución. Este último factor se agrava al considerar la creciente exposición de estas edades a las nuevas tecnologías de la información, las redes sociales, y a la desinformación que muchas veces desarrollan este tipo de medios. Por otra parte, aún existen muchos temas con insuficiente abordaje científico en estas edades. Por ejemplo, desde mi experiencia investigativa, en nuestro país son pocas las investigaciones que desde la Psicología se han interesado por evaluar la categoría bienestar psicológico en estas poblaciones. Además, en muchas ocasiones estos estudios terminan siendo investigaciones para los niños, pero sin los niños, ya que las consideraciones adulto-céntricas terminan teniendo mayor relevancia que las valoraciones directas de los menores. Esto, por supuesto, se debe en parte a que desde el punto de vista legal se requieren muchos permisos para acceder a estas poblaciones, lo que obstaculiza el acceso a la muestra. Puedo citar como ejemplo de esto mi tesis de licenciatura, cuyo tema fue el bienestar psicológico de niños y adolescentes criados por familias homoparentales. La mayoría de las familias contactadas se negaban a la idea de que sus hijos fueran entrevistados directamente.
Por otra parte, y tomando como referencia mi territorio, se encuentra que en la mayoría de los centros, los psicopedagogos ejercen labor de maestro —debido a la ausencia de personal docente en las escuelas—y por lo tanto, las verdaderas funciones del psicopedagogo son ejercidas por personal no cualificado para dicha labor, o simplemente, no se cumplen en dichas instituciones. A la vez, si bien existe la voluntad, aún existe insuficiente vinculación entre escuela-familia- comunidad, principales agentes responsables de la educación y desarrollo de los niños, adolescentes y jóvenes. Por otro lado, la edad juvenil no cuenta con suficiente tratamiento en las investigaciones que desde las Ciencias Sociales se desarrollan en el territorio. Esto se relaciona también con la gran diversidad presente en esta edad, lo que dificulta establecer regularidades o generalizar los resultados, en comparación con la infancia o la adolescencia. A todo esto se suma la poca difusión y visibilidad que se le da a las actividades, proyectos e investigaciones realizadas con respecto a estas edades.
2- Mis expectativas con respecto a este Diplomado son, en primer lugar, consolidar conocimientos sobre estas edades e incorporar nuevos aprendizajes. Considero que la diversidad presente entre los diplomantes, tanto en su formación y labor profesional, como en su lugar de procedencia, puede contribuir a enriquecer el intercambio científico y a desarrollar un enfoque más interdisciplinario. Además, me gustaría conocer nuevas y diversas problemáticas relacionadas con estas poblaciones, a fin de desarrollar futuros proyectos de investigación encaminados a trabajar con estas edades, las cuales siempre han sido mi principal foco de interés dentro de los diferentes grupos etarios.