Las principales fortalezas del trabajo con las poblaciones infanto-juveniles radican en la posibilidad de consolidar mejor los aprendizajes, con vistas a una mayor sostenibilidad de las transformaciones logradas. La disposición con la que cuentan adolescentes y jóvenes para emprender nuevos proyectos, la visión crítica y flexibilidad, que muchos son capaces de desarrollar en relación con su entorno, resultan fundamentales para lograr el cambio. La incorporación de nuevas categorías y esquemas de análisis se torna mucho más compleja a la hora de trabajar con poblaciones adultas y adultas mayores, por el elevado nivel de consolidación que caracteriza su concepción del mundo y sus características personológicas.
La principal debilidad radica en la dificultad para acceder a la muestra. Desde el punto de vista legal, se requieren numerosos permisos para poder estudiar y/o trabajar con estos grupos. Muchas veces, si no existe una voluntad política o si no están debidamente articulados los diferentes niveles de toma de decisión vinculados a la muestra, se obstaculiza notablemente el proceso interventivo, desde el diagnóstico inicial hasta las acciones finales que tributen directamente a la trasformación. Otro elemento esencial para el contexto cubano es el hecho de que, respecto a otros grupos etarios, la población joven constituye una minoría desde el punto de vista estadístico y se posiciona como uno de los que mayor tendencia presenta a la emigración. Esto complejizaría considerablemente y pondría en tela de juicio la efectividad del trabajo que se realice con/en esta población y, a largo plazo, tendría efectos negativos para la sociedad cubana; por representar una pérdida de diversos recursos, en lugar de una inversión. Por lo que, si se trabaja con estos grupos con vistas a lograr una mayor inclusión y mejor inserción social, se puede contribuir a que sea una inversión con resultados satisfactorios para nuestro país.
Las principales fortalezas del trabajo con las poblaciones infanto-juveniles radican en la posibilidad de consolidar mejor los aprendizajes, con vistas a una mayor sostenibilidad de las transformaciones logradas. La disposición con la que cuentan adolescentes y jóvenes para emprender nuevos proyectos, la visión crítica y flexibilidad, que muchos son capaces de desarrollar en relación con su entorno, resultan fundamentales para lograr el cambio. La incorporación de nuevas categorías y esquemas de análisis se torna mucho más compleja a la hora de trabajar con poblaciones adultas y adultas mayores, por el elevado nivel de consolidación que caracteriza su concepción del mundo y sus características personológicas.
La principal debilidad radica en la dificultad para acceder a la muestra. Desde el punto de vista legal, se requieren numerosos permisos para poder estudiar y/o trabajar con estos grupos. Muchas veces, si no existe una voluntad política o si no están debidamente articulados los diferentes niveles de toma de decisión vinculados a la muestra, se obstaculiza notablemente el proceso interventivo, desde el diagnóstico inicial hasta las acciones finales que tributen directamente a la trasformación. Otro elemento esencial para el contexto cubano es el hecho de que, respecto a otros grupos etarios, la población joven constituye una minoría desde el punto de vista estadístico y se posiciona como uno de los que mayor tendencia presenta a la emigración. Esto complejizaría considerablemente y pondría en tela de juicio la efectividad del trabajo que se realice con/en esta población y, a largo plazo, tendría efectos negativos para la sociedad cubana; por representar una pérdida de diversos recursos, en lugar de una inversión. Por lo que, si se trabaja con estos grupos con vistas a lograr una mayor inclusión y mejor inserción social, se puede contribuir a que sea una inversión con resultados satisfactorios para nuestro país.