Considero que una de las fortalezas del trabajo con la población infanto-juvenil, radica precisamente en las características de estas edades, en las cuales prima el entusiasmo, la energía y los deseos de experimentar cosas nuevas, lo cual permite que se involucren con mayor prontitud a disímiles proyectos, pero esto va acompañado de una debilidad, pues también son edades en las que el grupo de coetáneos ejerce una marcada influencia, por lo cual habrá que tener en cuenta que es necesario incentivar al colectivo y trazar estrategias que involucren a todos, para que de esta manera puedan sumarse las individualidades.
En Cuba existen experiencias positivas de trabajo con niños, adolescentes y jóvenes, y estas se divulgan y multiplican en cada territorio, por lo cual creo que son una población acostumbrada a que se les escuche, a expresar sus criterios, y a sostener un diálogo franco y flexible, adaptado a la edad que corresponda. Esta es otra de nuestras fortalezas, a lo cual se suma las redes de apoyo con las cuales se puede contar a nivel comunitario e institucional, que dan soporte al trabajo con las poblaciones más jóvenes.
Me atrevo a plantear que en el territorio en el que vivo (Cárdenas, MATANZAS) constituye una debilidad para el trabajo con niños, adolescentes y jóvenes, el hecho de que la mayoría de los hogares está marcado por la poca presencia de una o de ambas figuras parentales debido al trabajo en el polo turístico de Varadero, lo cual implica muchas horas fuera de casa o en horarios en los que los hijos se encuentran en la escuela, por lo cual muchas veces no coinciden con ellos, y estos se encuentran a cargo de algún otro familiar o de personas asalariadas que cumplen con estas funciones. Esto trae consigo niños y jóvenes con mayores oportunidades desde el punto de vista económico, pero con pocas posibilidades de socialización en espacios que impliquen el control o supervisión de los padres, así como el hecho de poder involucrar a las familias en actividades previstas. En este sentido inciden además los divorcios y las migraciones.
En la actualidad estamos viviendo una época de apertura social que involucra el intercambio más abierto con países y personas de todo el mundo, fundamentalmente a través de las redes sociales y el uso de las TICS, lo cual tiene muchísimos adeptos en estas poblaciones, nativos digitales por naturaleza. A mi juicio, esta posibilidad representa una fortaleza, si sabemos hacer un uso adecuado de ellas, motivando, incentivando con creatividad a estos usuarios según las necesidades detectadas en estas poblaciones, pero a la vez constituye una debilidad, pues no todos los jóvenes tienen la madurez suficiente para discernir entre tanta información aquella realmente veraz, ni todas las familias están preparadas para guiar este proceso.
Sin embargo, prefiero pensarlo como un reto que tenemos por delante todos aquellos profesionales que de alguna manera estamos en contacto con los niños, adolescentes y jóvenes, pues en un mundo desigual y globalizado, Cuba, un país de bajo desarrollo económico, con amenazas constantes a su paz y estabilidad, sigue siendo ejemplo en el trabajo educativo, social y comunitario que realiza con estas poblaciones de riesgo.
Considero que una de las fortalezas del trabajo con la población infanto-juvenil, radica precisamente en las características de estas edades, en las cuales prima el entusiasmo, la energía y los deseos de experimentar cosas nuevas, lo cual permite que se involucren con mayor prontitud a disímiles proyectos, pero esto va acompañado de una debilidad, pues también son edades en las que el grupo de coetáneos ejerce una marcada influencia, por lo cual habrá que tener en cuenta que es necesario incentivar al colectivo y trazar estrategias que involucren a todos, para que de esta manera puedan sumarse las individualidades.
En Cuba existen experiencias positivas de trabajo con niños, adolescentes y jóvenes, y estas se divulgan y multiplican en cada territorio, por lo cual creo que son una población acostumbrada a que se les escuche, a expresar sus criterios, y a sostener un diálogo franco y flexible, adaptado a la edad que corresponda. Esta es otra de nuestras fortalezas, a lo cual se suma las redes de apoyo con las cuales se puede contar a nivel comunitario e institucional, que dan soporte al trabajo con las poblaciones más jóvenes.
Me atrevo a plantear que en el territorio en el que vivo (Cárdenas, MATANZAS) constituye una debilidad para el trabajo con niños, adolescentes y jóvenes, el hecho de que la mayoría de los hogares está marcado por la poca presencia de una o de ambas figuras parentales debido al trabajo en el polo turístico de Varadero, lo cual implica muchas horas fuera de casa o en horarios en los que los hijos se encuentran en la escuela, por lo cual muchas veces no coinciden con ellos, y estos se encuentran a cargo de algún otro familiar o de personas asalariadas que cumplen con estas funciones. Esto trae consigo niños y jóvenes con mayores oportunidades desde el punto de vista económico, pero con pocas posibilidades de socialización en espacios que impliquen el control o supervisión de los padres, así como el hecho de poder involucrar a las familias en actividades previstas. En este sentido inciden además los divorcios y las migraciones.
En la actualidad estamos viviendo una época de apertura social que involucra el intercambio más abierto con países y personas de todo el mundo, fundamentalmente a través de las redes sociales y el uso de las TICS, lo cual tiene muchísimos adeptos en estas poblaciones, nativos digitales por naturaleza. A mi juicio, esta posibilidad representa una fortaleza, si sabemos hacer un uso adecuado de ellas, motivando, incentivando con creatividad a estos usuarios según las necesidades detectadas en estas poblaciones, pero a la vez constituye una debilidad, pues no todos los jóvenes tienen la madurez suficiente para discernir entre tanta información aquella realmente veraz, ni todas las familias están preparadas para guiar este proceso.
Sin embargo, prefiero pensarlo como un reto que tenemos por delante todos aquellos profesionales que de alguna manera estamos en contacto con los niños, adolescentes y jóvenes, pues en un mundo desigual y globalizado, Cuba, un país de bajo desarrollo económico, con amenazas constantes a su paz y estabilidad, sigue siendo ejemplo en el trabajo educativo, social y comunitario que realiza con estas poblaciones de riesgo.