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Karoline Astorga González (G2)
Said:

Las poblaciones infanto-juveniles de Cuba deben ser siempre objetos de estudio desde las perspectivas psicocial, político-ideológica, higiénico-sanitaria, educativa y cultural. Desde la demografía, es conocido que la nación cubana está poblacionalmente envejecida por causas multifactoriales, lo que concluye en que estos grupos etarios (niños, adolescentes, jóvenes) sean numéricamente inferiores a lo que requeriría una pirámide generacional en el orden natural de la vida.
A nivel macrosocial, el sistema cubano ha sido coherente en su constitución y cuerpo legal con la potenciación y desarrollo general de los individuos en estas edades. Sin embargo, la accesibilidad para el trabajo e intervención con ellos de manera formal o informal, las condiciones cotidianas reales de la vida de los mismos, los recursos dirigidos a la optimización de las actividades educativas y de recreación para y con ellos, su orientación profesional, la atención personalizada que exigen estas edades y la legitimidad de los procesos en los que se les pretende implicar no son del todo compatibles y/o armoniosas con las necesidades normativas que remarcan las instituciones, tutores legales y otros profesionales en interacción permanente con ellos. Existe una ruptura en el actuar del educador formal, el adulto en casa y otros agentes de socialización que desemboca inevitablemente en la difuminación de los límites (e incluso los vínculos dialécticos) propios de las diferentes categorías psicosociales de las que nos valemos los psicólogos para el abordaje de los fenómenos y que, en cientos de ocasiones, han demostrado impactar significativamente en las unidades psicológicas primarias y las formaciones motivacionales complejas de la personalidad de cada cual, así como en sus manifestaciones objetivas a manera de patrones comportamentales. Esto es, discordancia entre el empleo de estilos de comunicación y métodos educativos en los diversos espacios de interacción con las poblaciones infanto-juveniles, además del contenido mismo del que van apropiándose durante tal interacción.
Las regularidades de cada estadío del desarrollo psíquico son cualidades generales que indican transformaciones bio-psico-sociales que no fungen como “camisas de fuerza” para el diagnóstico, sino que establecen pautas de lo esperable. Con ello se comprende que el cumplimiento o no de la totalidad de las mismas no constituyen indicador único e inequívoco de la adecuación al grupo etario, amén de que guíen al respecto. La emergencia de atributos excepcionales es siempre legítima y responde a una o varias causas. Ello responde a la relación de los procesos internos y las condiciones externas como componentes esenciales de la situación social del desarrollo, categoría científica que, como la personalidad, es una configuración única e irrepetible. Por lo mismo, el rol del psicólogo y el psicopedagogo debe ser más valorado y tomado en cuenta, como las investigaciones científicas de especialistas afines para la creación de nuevas políticas sociales pensadas para ellos.
La posibilidad de establecer programas sociales para y con los miembros de estos grupos es limitada desde una óptica objetiva: depende de la burocracia y la intencionalidad o interés político del territorio en que pretenda llevarse a cabo, lo que muchas veces provoca modificaciones que soslayan o entorpecen el propósito principal o simplemente terminan en la desaparición del proyecto. Las condiciones materiales de existencia, como dicta el pensamiento marxista, impacta en la conciencia social, y acá en Cuba tales condiciones transversalizan todas y cada una de las esferas de la vida, pero la vocación y el compromiso de los profesionales comprometidos con esta labor y las oportunidades de superación que nos conducen a la plataforma de la competencia y la excelencia (como espero lo sea este curso de postgrado), son fortalezas únicas e inconmesurables.
A manera de resumen, estas premisas demandan una mirada más personológica e individual en los procesos de enseñanza y aprendizaje, conjugado a una labor de promoción positiva más que la inclinación a la prevención e intervención de lo negativo. No alude esto solamente a los factores de riesgo o su visibilización como grupos en vulnerabilidad social. No basta con crear círculos de interés. Se trata de concebir a los niños, adolescentes y jóvenes como sujetos activos de su propio desarrollo y del nuestro. Ello engloba el atenderlos, otorgarles oportunidades verdaderas y respetarlos como ciudadanos.

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