1-) Desde mi ámbito profesional referido al trabajo con niñas, niños y adolescentes víctimas de delitos, fundamentalmente sexuales y su correspondiente protección, una de las debilidades en el trabajo con las poblaciones infanto-juveniles sería el no reconocimiento de la palabra del niño como sujeto, debido a que es en ocasiones tardía e incluso, contradictoria, lo cual se encuentra justificado desde el imaginario cotidiano por su carácter de fantasiosa, poco confiable e inducida por los adultos. Dicha problemática permite que estos delitos sean invisibilizados y por consiguiente, no penalizados por las autoridades.
De aquí se desprende otra dificultad en el trabajo con estas poblaciones, que sería el llamado Síndrome de Alienación Parental, que parte de la base de que los niños serían portavoces de los discursos de uno de los progenitores, o sea, que estarían manipulados por estos y puestos en contra del otro, generalmente el padre. Por tanto, así se descalificaría su palabra.
Otra de las dificultades en este sentido, sería que el abuso sexual infantil al ocurrir generalmente a lo interno de las familias, perpetrados por figuras cercanas a estos niños o adolescentes víctimas, tienden a ser silenciados u ocultados por dichas familias para evitar la vergüenza ante la sociedad y para proteger a estas figuras que son los victimarios.
También ocurre que actualmente ha disminuido la asimetría de poder, siendo los delitos de abuso sexual perpetrados ya por otros niños y apoyándose en discursos similares a los utilizados por los adultos, lo cual complejiza el abordaje que se le da a estos casos, ya que el victimario es un niño, quien legalmente también es protegido y según nuestra ley, no pueden ser penalizados por cometer delitos.
Por último, la victimización secundaria que se produce cuando se le exige a los niños y adolescentes tener que narrar los hechos de los que fueron víctimas tanto frente a los mismos familiares y allegados, como a las autoridades, y en espacios para nada preparados para ello donde confluyen personas uniformadas y personas desconocidas, dificulta lograr un rapport necesario y la apertura de estos sujetos en espacios que sí están preparados para esa tarea reduciendo al mínimo dicha victimización secundaria, como es el centro en el que trabajo.
Por otro lado, como ventajas en el trabajo con las poblaciones infanto-juveniles, se puede decir que se ha producido un avance en cuanto al desarrollo en la lectoescritura en estas poblaciones, en parte gracias a la estimulación producida por las redes sociales, y que les permite hacer mejor uso de la palabra y de articular mejores los discursos de denuncia ya sea con sus padres o con las autoridades.
También que a pesar de los intentos de silenciar e invisibilizar la ocurrencia de estos hechos, se ha visto en nuestro contexto nacional, un aumento de las denuncias ya sea por familiares o no, permitiendo que salga a la luz y que cada vez más los victimarios sean enjuiciados.
A raíz de esto, la especialización en el trabajo con estas poblaciones ya sea en el ámbito legal como de la salud mental, permite un abordaje multidisciplinario que de hecho existe, y una sinergia entre diferentes entidades con el objetivo de proteger y proveer las herramientas necesarias para un mejor bienestar subjetivo, que les permita a estos niños y adolescentes regresar a sus vidas cotidianas con un mínimo posible de daño psicológico.
2¬-) Con respecto a mis expectativas e intereses académicos con el Diplomado en infancias, adolescencias y juventudes, puedo decir que me gustaría conocer más sobre las características de estas poblaciones en nuestro contexto nacional, así como enriquecer mi práctica profesional con los contenidos acá impartidos.
También, mediante los ejercicios y debates que se puedan producir en nuestro paso por este diplomado, espero potenciar mis habilidades y conocimientos de forma empírica, y poder obtener dominio sobre los temas fundamentalmente referidos a la protección de los niños y adolescentes.
Por supuesto, de conseguir todo lo anterior me gustaría poder realizar un trabajo final merecedor de ser publicado en la Revista Estudio, como aval de que logré aprehender los conocimientos necesarios sobre las infancias, adolescencias y juventudes.
1-) Desde mi ámbito profesional referido al trabajo con niñas, niños y adolescentes víctimas de delitos, fundamentalmente sexuales y su correspondiente protección, una de las debilidades en el trabajo con las poblaciones infanto-juveniles sería el no reconocimiento de la palabra del niño como sujeto, debido a que es en ocasiones tardía e incluso, contradictoria, lo cual se encuentra justificado desde el imaginario cotidiano por su carácter de fantasiosa, poco confiable e inducida por los adultos. Dicha problemática permite que estos delitos sean invisibilizados y por consiguiente, no penalizados por las autoridades.
De aquí se desprende otra dificultad en el trabajo con estas poblaciones, que sería el llamado Síndrome de Alienación Parental, que parte de la base de que los niños serían portavoces de los discursos de uno de los progenitores, o sea, que estarían manipulados por estos y puestos en contra del otro, generalmente el padre. Por tanto, así se descalificaría su palabra.
Otra de las dificultades en este sentido, sería que el abuso sexual infantil al ocurrir generalmente a lo interno de las familias, perpetrados por figuras cercanas a estos niños o adolescentes víctimas, tienden a ser silenciados u ocultados por dichas familias para evitar la vergüenza ante la sociedad y para proteger a estas figuras que son los victimarios.
También ocurre que actualmente ha disminuido la asimetría de poder, siendo los delitos de abuso sexual perpetrados ya por otros niños y apoyándose en discursos similares a los utilizados por los adultos, lo cual complejiza el abordaje que se le da a estos casos, ya que el victimario es un niño, quien legalmente también es protegido y según nuestra ley, no pueden ser penalizados por cometer delitos.
Por último, la victimización secundaria que se produce cuando se le exige a los niños y adolescentes tener que narrar los hechos de los que fueron víctimas tanto frente a los mismos familiares y allegados, como a las autoridades, y en espacios para nada preparados para ello donde confluyen personas uniformadas y personas desconocidas, dificulta lograr un rapport necesario y la apertura de estos sujetos en espacios que sí están preparados para esa tarea reduciendo al mínimo dicha victimización secundaria, como es el centro en el que trabajo.
Por otro lado, como ventajas en el trabajo con las poblaciones infanto-juveniles, se puede decir que se ha producido un avance en cuanto al desarrollo en la lectoescritura en estas poblaciones, en parte gracias a la estimulación producida por las redes sociales, y que les permite hacer mejor uso de la palabra y de articular mejores los discursos de denuncia ya sea con sus padres o con las autoridades.
También que a pesar de los intentos de silenciar e invisibilizar la ocurrencia de estos hechos, se ha visto en nuestro contexto nacional, un aumento de las denuncias ya sea por familiares o no, permitiendo que salga a la luz y que cada vez más los victimarios sean enjuiciados.
A raíz de esto, la especialización en el trabajo con estas poblaciones ya sea en el ámbito legal como de la salud mental, permite un abordaje multidisciplinario que de hecho existe, y una sinergia entre diferentes entidades con el objetivo de proteger y proveer las herramientas necesarias para un mejor bienestar subjetivo, que les permita a estos niños y adolescentes regresar a sus vidas cotidianas con un mínimo posible de daño psicológico.
2¬-) Con respecto a mis expectativas e intereses académicos con el Diplomado en infancias, adolescencias y juventudes, puedo decir que me gustaría conocer más sobre las características de estas poblaciones en nuestro contexto nacional, así como enriquecer mi práctica profesional con los contenidos acá impartidos.
También, mediante los ejercicios y debates que se puedan producir en nuestro paso por este diplomado, espero potenciar mis habilidades y conocimientos de forma empírica, y poder obtener dominio sobre los temas fundamentalmente referidos a la protección de los niños y adolescentes.
Por supuesto, de conseguir todo lo anterior me gustaría poder realizar un trabajo final merecedor de ser publicado en la Revista Estudio, como aval de que logré aprehender los conocimientos necesarios sobre las infancias, adolescencias y juventudes.