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Zahelys Rosete grupo 3
dijo:

P.1. Escogería la orientación sexual en niños, adolescente y jóvenes,por la complejidad de sus características en estas etapas.
La sexualidad en los infantes de desarrolla de manera diferente en las etapas posteriores. La sexualidad infantil existe, aunque en diversos contextos y momentos históricos se haya
dicho que no. Se desarrolla y expresa fundamentalmente a través de la curiosidad (observación,
manipulación, autodescubrimieto, fisgoneo o preguntas) y el juego (exploración, imitación e
identificación).
El sentido y los significados que niñas y niños dan a sus descubrimientos y juegos sexuales
poco tienen que ver con los dados por las personas adultas. Sus actividades sexuales se basan en
motivos diferentes. Por ello, es importante no interpretar las expresiones de su sexualidad desde
nuestra óptica y nuestra experiencia de personas adultas y atribuirles significados que no tienen.
Los niños y las niñas siempre aprenden hechos, actitudes y conductas sexuales
de las personas adultas que les educan, tengan éstas o no conciencia de ello; no hay que olvidar que la gran mayoría de los aprendizajes infantiles se dan por imitación,
y esto es válido también para el aprendizaje sobre cómo son y deben ser las relaciones. Los
modelos que ven, perciben e intuyen tienen, por tanto, mucha trascendencia.
En cuanto a la orientación sexual de los adolescentes y jóvenes, la familia, en la mayoría de los casos, se muestra desorientada acerca de cómo enfrentar la sexualidad de los más jóvenes y en especial, la de los adolescentes. No se comprende que ellos sean sexualmente activos y menos aún, que tengan el derecho de serlo. La verdadera solución al problema del embarazo no deseado, las ITS, el VIH/SIDA y el aborto, no está en la prohibición de la relación sexual, sino en ayudar a nuestros jóvenes a expresar su sexualidad sin riesgo.
En nuestra labor profesional encontramos familias que a pesar de los niveles educacionales alcanzados, tienen problemas y conflictos de comunicación, de convivencia obligada por falta de espacios habitacionales, de maltratos, abusos e incomprensiones que ponen de manifiesto aún una escasa cultura de la convivencia y la cotidianidad.
la necesidad entre los padres/madres de reflexionar sobre los conocimientos, actitudes y prácticas sexuales para orientar mejor a sus hijos puesto que el aprendizaje de la sexualidad es un hecho propio de la vida cotidiana y a través de la familia, el/la niño/a y el/la adolescente reciben permanentemente mensajes tácitos o explícitos, verbales, no verbales a través de los cuales van teniendo una actitud negativa o positiva inconsciente frente a su cuerpo, su sexualidad y la del otro. Debemos puntualizar la necesidad de realizar estas acciones educativas desde el nivel individual que es el más básico de la práctica de la promoción de salud ya que permite el aprendizaje de los adolescentes sobre aspectos generales de la sexualidad, el inicio precoz de las relaciones sexuales y sus riesgos, en tanto favorece el trabajar con estrategias, que sigan un modelo de cambios de comportamiento, basado en estudios que identifican al público correspondiente y los mensajes que han de atraerlo, y que se vale de una variedad de medios que se refuerzan mutuamente en la descripción de un comportamiento sexual sano.
Las características antes mencionadas dan cuenta de que los adolescentes necesitan orientación, una educación sexual adecuada que los mantenga informados de lo que acontece en este período en la esfera sexual, para
evitar conductas que puedan perjudicarlos. Precisamente, uno de los problemas en esta etapa es que no identifican cuáles son los riesgos que tienen que enfrentar, pues sienten mucha vitalidad, lo cual está matizado por la
omnipotencia de la edad.
Otra de las cuestiones importantes son las motivaciones por las que
los adolescentes llegan a las relaciones sexuales, en el ansia por liberarse de la supervisión de los padres, algunos adolescentes ven el sexo como medio de demostrar su aptitud para tomar decisiones propias, además de las presiones del grupo de
edad a que pertenecen donde, por ejemplo, el sexo puede ser considerado
como símbolo de prestigio; lo que suele inducir a los componentes del grupo a participar en la actividad sexual con objeto de ser aceptados.
Otro aspecto sería la anticoncepción, el conocimiento de los métodos no implica necesariamente que se hace o se ha hecho uso de ellos. Aunque el condón se encuentra entre los más utilizados alguna vez por hombres y mujeres, no es tenido en cuenta por la totalidad de los adolescentes y jóvenes, ni su uso es sistemático. Asimismo, se evidencia que al parecer todavía el empleo del condón no siempre forma parte del contexto de la primera relación sexual de adolescentes y jóvenes cubanos. De hecho, muchas veces se utiliza con posterioridad a un primer embarazo no deseado y las razones mencionadas con mayor frecuencia, por hombres y mujeres, son el descuido y el desconocimiento para su uso.
P.2.La relación de pareja es otro de los espacios vinculares donde tiene lugar la satisfacción de diversas necesidades. Es considerada como un tipo de relación interpersonal que se establece entre dos personas, con presencia de un vínculo afectivo; atracción recíproca en términos de aspectos físicos, psicológicos, sexuales y eróticos; el establecimiento de proyectos y metas comunes, relativa estabilidad y carácter selectivo. No obstante, esto no se comporta de manera similar para adolescentes y jóvenes, debido a las características psicosociales de cada período del desarrollo.
En la adolescencia, la vida amorosa adquiere especial importancia. El
interés en las relaciones de pareja está más centralizado en aspectos físicos y
sexuales que en los elementos afectivos que implica una verdadera relación
amorosa. Además, estos vínculos tienden a ser inestables y con carácter
experimental, lo cual sitúa a los adolescentes como grupo de riesgo para
contraer infecciones de transmisión sexual (ITS), vivenciar embarazos no
deseados, así como una maternidad y paternidad sin responsabilidad, lo
cual repercute negativamente en sus planes y aspiraciones y, por ende, en
sus trayectorias de vida.
Durante la juventud se comienza a pensar en elegir pareja para una relación íntima, más o menos prolongada o permanente, donde los lazos afectivos sean estrechos, en virtud de satisfacer una necesidad creciente de formar una familia propia. En esta elección intervienen varios factores
como la identificación, la admiración por el otro, intereses y actitudes semejantes, estilos comunicativos afines, etc. La pareja debe crear formas de relación y comunicación satisfactorias y definir estilos de vida, rutinas e intereses, lo que implica que cada uno de sus miembros se modifique internamente para lograr una adaptación mutua, sin renunciar a su identidad.
En la actualidad se visualiza un aumento del número de madres adolescentes que deciden tener sus hijos.
El adulto ocupa un lugar importante en
la toma de decisiones reproductivas.
Este indicador en las parejas de jóvenes se muestra diferente. En ellas aparecen motivaciones, tanto para decidir cuándo comenzar a tener sus hijos, como para espaciar o limitar los nacimientos. Es decir, los hombres y
las mujeres toman medidas para controlar su fecundidad y las adecuan a las diferentes etapas de su ciclo de vida. Dicho de otra manera, en estas edades, los hijos no son tanto el resultado de prácticas sexuales desprotegidas e irresponsables, sino producto, cada vez más, de una cuidadosa decisión de tenerlos.
Otra característica de las relaciones de pareja es la existencia de violencia en parejas jóvenes, siendo el contrapunto a la creencia de que el noviazgo es necesariamente la etapa ideal de una pareja. La gravedad de la violencia en esta fase inicial de la relación reside en que constituye un precursor, un anticipo de la violencia que tendrá lugar cuando la pareja esté ya más consolidada e institucionalizada. Se refiere que el tipo de violencia que aparece con mayor frecuencia es la violencia psicológica, seguida de la verbal y, con mucha menor frecuencia, la económica, la física y la sexual. En este sentido, los resultados han arrojado que las mujeres no tienen conciencia de que están siendo violentadas por sus parejas, ya que la violencia física es la que presenta una mayor visualización, mientras que la psicológica y la verbal, que son las de mayor incidencia, no son reconocidas, por constituir un fenómeno naturalizado en las relaciones de pareja consideradas “normales”, donde existen sus altas y bajas, así como sus discusiones e incomprensiones.
P.3.La sexualidad, como una dimensión de la personalidad, matiza las vidas
cotidianas de los individuos, en tanto tiene su expresión en las relaciones de
los sujetos consigo mismo y con los otros.
Es una realidad que uno de los principales problemas que tradicionalmente ha enfrentado la relación familia-adolescencia es la comunicación
fluida en torno a la sexualidad.
La familia, en la mayoría de los casos, se muestra desorientada acerca de cómo enfrentar la sexualidad de los más
jóvenes y en especial, la de los adolescentes. No se comprende que ellos sean sexualmente activos y, menos aún, que tengan el derecho de serlo. La verdadera solución al problema del embarazo no deseado, las ITS, el VIH/sida y el aborto, no está en la prohibición de la relación sexual, sino en ayudar a nuestros jóvenes a expresar su sexualidad sin riesgo.
En los adolescentes tempranos la esfera de la sexualidad y, sobre todo,
las relaciones de pareja, resulta una de las áreas donde existen mayores interrogantes y temores. Los cambios en la esfera psicosexual que suceden en
esta etapa de la vida propician la emergencia de inquietudes y, en la mayoría de los casos, no se cuenta con los recursos necesarios para por sí mismos
encontrar respuestas acertadas. Es por ello que la familia debe crear un clima distendido, de confianza y respeto que facilite el intercambio desprejui-
ciado sobre aquellas temáticas que provocan dudas en los más jóvenes.
La comunicación sobre sexualidad responsable entre adolescentes y sus figuras parentales presenta dificultades dado por la existencia de estereotiposde género, déficits en las funciones de la comunicación y presencia de barreras que la entorpecen, así como una visión reducida de la sexualidad y de la adolescencia como etapa del desarrollo.
La maternidad y la paternidad responsables constituyen temas poco abordados en la comunicación de madres y padres con sus adolescentes.En las familias cubanas se aprecian diferencias sexistas en la socialización de los adolescentes, y se le asignan tareas diferenciadas a los adolescentes en el hogar atendiendo a su sexo. Como regularidad es la madre quien asume las funciones afectivas y comunicativas de la parentalidad.
Se evidencia la influencia de la familia en las relaciones sexuales de los adolescentes pues mientras que a las féminas se les exige y enseña el pudor como atributo, a los varones pueden llegar a presionárseles para que comiencen su vida sexual.

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