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Fidel Castro

Ahora que cumple 95 años entre nosotros y algunos le imaginan quieto en su tumba, cuál huella fósil del revolucionario, es válido apuntarlo: Fidel no es el hombre detenido en la piedra. Es al revés: la piedra —típica imagen de todas las firmezas— halló refugio en el relieve del recio guerrillero.

Su devoción por la palabra. Su poder de seducción. Va a buscar los problemas donde estén. Los ímpetus de la inspiración son propios de su estilo. Los libros reflejan muy bien la amplitud de sus gustos. Dejó de fumar para tener la autoridad moral para combatir el tabaquismo. Le gusta preparar las recetas de cocina con una especie de fervor científico.

Siempre ha estado presente con su ejemplo, con sus ideas y acciones, en cada latido del país. En las adversidades y en los triunfos.

Sin que ninguna ley lo haya normado, en la medida en que la Revolución se profundiza, julio se dilata al calor del fervor patriótico de las masas y se prolonga. La dimensión histórica de la fecha crece, y cada minuto del séptimo mes adquiere más significación política.

Al describir los acontecimientos de la Revolución de Octubre, John Reed, en el prólogo de su extraordinaria obra Diez días que estremecieron al mundo, hace un recuento de las fuerzas que pugnaban por el poder, en medio de una Revolución que aún no lograba definir el color de su destino.

«Creo que es este un momento decisivo de nuestra historia, la tiranía ha sido derrocada, la alegría es inmensa y sin embargo queda mucho por hacer todavía». Lo dijo Fidel, aquel 8 de enero de 1959, poco después de hacer su entrada a La Habana junto a los barbudos.

Han transcurrido 59 años del discurso histórico del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz durante la clausura del Primer Pleno nacional de corresponsales, activistas, veteranos y voluntarios del deporte, realizado en la Ciudad Deportiva de La Habana, que marcó al 19 de Noviembre como

Trancurridos 15 años, volviendo a las versiones taquigráficas de aquel discurso del Comandante en Jefe Fidel, me pregunto cómo pude salir airosa, en mi función reporteril, de aquellas horas en el Aula Magna de la Universidad de La Habana, con un periódico esperando por la información contra cierre y ante el hecho de una intervención extraordinaria no solo por

En la llamada cumbre de Cuba, a 1974 metros sobre el nivel del mar, los jóvenes creadores recitaron, cantaron y dedicaron actuaciones al Líder Histórico de la Revolución, quien precisamente desde las montañas aledañas al Pico dirigió la  guerra definitiva por la liberación nacional.

En los primeros días de julio de 1954, muy cerca del primer aniversario de la heroica gesta del  Cuartel Moncada, un órgano de prensa cubano solicitó a las autoridades del Gobierno batistiano un premiso con el supuesto objetivo de tomar numerosas fotos que permitieran conformar un reportaje gráfico sobre la curiosa arquitectura y el aspecto ambiental y físico de aquel penal.

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